– Si es que ya te lo había dicho que no te calzaras las botas verdes de tacón porque ese tacón se hinca en la nieve y que así no podríamos avanzar- le susurré. – Ahora vienen pisándonos los talones y por más oscura que está la noche sin luna ellos van con linterna y nosotros no.
Mirando caer la nieve en Brasov, sentada tras los cristales de una cafetería, ha aparecido en mi mente un fogonazo blanco, este pequeño poema en euskera, y así ha aparecido, tal como lo escribo.
Se acerca la noche de fin de año. Esa que de pequeños llamábamos la noche del hombre de las narices, porque decíamos que venía un hombre con tantas narices como días tiene el año. Nos partíamos de risa durante todo el día, mis hermanos, mis primos y yo.
Duela urte bat gutxi gora behera lagun bat, olerki bat eskatu zidan bere gereziondo japoniarraz hitz egin zuen, baina euskara. Bera, haurtzarako nire laguna, argaski bi bidali zizkidan. Ordua da, blogen ipintzeko olerki hau Josearentzat.
Gereziondo hau Oiartzun bizitzen da. Euskalerriako herri polt bat.
Olerkiak nik Gaztelaniaz idazten ari naiz, hogeita hamar urte daramat Madrilen eta pixkana, pixkana hurbiltzen naiz gure hizkuntzara. Oso zaila da niretzat baina saiatzen ari naiz. Agindutakoa zorra da eta ez dut ahaztu Josean!
(Hace más o menos un año que un buen amigo de la infancia me envió unas fotos sobre su cerezo japones de su casa de Oiartzun, y me pidió que contara la historia en euskera. Yo llevo treinta años en Madrid y escribo en castellano mi poesía, pero despacio despacio he intentado hacerlo con cariño. Lo prometido es deuda, espero que le guste.)
Este año quiero hacer mi entrada de Navidad con la gentileza de una excelente y comprometida poeta, escritora, ensayista, amiga y bella persona Julie Sopetran.
Estoy haciendo memoria y son casi veinte años que participé en una formación sobre violencia de género. Fue un encuentro interprofesional de trabajadores de diferentes disciplinas vinculadas todas a la educación: profesores, psicólogos, pedagogos, asistentes sociales…
El día de la música es especial para mí, en primer lugar porque hoy sería el cumpleaños de mi madre. Mi madre fue la persona que me acercó a la música, cantaba maravillosamente, cantábamos continuamente. la música y la poesía poseen una íntima unión y no se donde marcar la línea donde una empieza y otra termina. Mi ama, era música y poesía. A ella le dedico esta entrada, a Cecilia Garrido Alduan, una mujer sencilla y delicada. Nadie muere si permanece en nuestro recuerdo. Gracias por todo ama, hoy y siempre dentro de mí.
Escojo música de Antonio Machín por tener bellos recuerdos de infancia cantando a dúo con mi madre sus canciones, y canciones que mi madre cantaba a sus hijos.
Poesía es oler el crujir de las hojas en un otoño, escuchar el azul del cielo entre las manos, respirar el viento y palpitar, cuando un rayo de sol casi frío penetra, a pesar de todo, hasta el fondo de nuestra alma.
Isabel Montero, Cita