Pensamientos·Poesias Guiomar52

Incesantes hojas

Después del tiempo

incesantes hojas ocres

amanecen húmedas.

Discurre el tiempo del viaje en esta

Geografía.

Queridos amigos del blog de Epifanía en la Luna, son ya seis años los que llevo con vuestra compañía, vuestros comentarios, vuestras lecturas. Sin vosotros este blog que se llena de amigos, no tendría sentido. Sois vosotros, lectores amigos los que lo mantenéis vivo.

En estos seis años hemos ido incrementando esta familia con amigos de este país y los que habéis ido llegando de lejos de toda la blogosfera, Canadá, EEUU, México, Argentina, Venezuela, Uruguay, Taiwán, Japón, Paraguay, El Salvador, Italia, Australia, Noruega, Turquía, Colombia, India, Uruguay, Chile, Francia, Portugal, Dinamarca, Brasil, Bulgaria, Rumania, Islandia, Eslovaquia, Bélgica, Reino Unido, Perú entre otros…Es fascinante de verdad reunirse alrededor de las palabras

Aquí he hecho grandes amigos e interesantes descubrimientos. Desde aquí quiero daros las gracias desde este Madrid, en un Otoño en el que por fin ha asomado la lluvia. Gracias por estar ahí. Un abrazo a todos.

Pensamientos

hoy,fogonazo.

madrid
imagen subida de internet

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hoy volví a sentir  el frío bajo la piel. La imposibilidad de olvidar mi otro papel, me hizo pisar más fuerte las hojas de los árboles sobre el asfalto. Era otoño avanzado y el camino que recorrí una vez ilusionada se había vuelto del revés.

Más seguí avanzando músculos torpes sobre mis huesos, con el saber de que tal vez no había pasado nada. Y que el tiempo fue bueno. Y que la vida seguía de otra manera. Y seguía.

Y así rellené el documento para devolución de papelinas y confetis gastados de aquella otra vida. Poca cosa. Un momento para el recuerdo. Y volví al presente con mis pies sobre la hojarasca.

Eso sí al salir del registro saludé amablemente al funcionario.

Guiomar 52.

 

 

relatos guiomar52

OTOÑO EN UNA CIUDAD MOJADA

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Madrid. Distrito Goya. Calle Alcalá 96. Dieciocho grados y lluvia intermitente. Cabeza de línea E2 E3. Autobuses hacia barrios periféricos. Frente a la casa del libro cada vez se hace más larga la fila de personas que aguardan a los dos vehículos exprés casi sin paradas en su recorrido. Veinte minutos de trayecto gran parte en autovía, ramal lanzadera y estas en el barrio de destino. Veinte minutos de trayecto y veinte de espera en  la parada a la intemperie de este Madrid en octubre del año dos mil trece.

Una mujer de edad entrada se acerca y se dirige gruesa y sudorosa a una madre y a una hija. Y se saludan. No se conocen pero se suenan. La madre comenta que no importa.

–          Se ven tantas caras- añade.

La mujer mayor viene de trabajar de una casa, quizá haya más mujeres en la fila de esa edad entrada que vengan de barrer, fregar, quitar el polvo y planchar las camisas de algún “señor”. La mujer de edad mantiene con su pensión a su hija, a su nieto y a su yerno.

–          Que no encuentran trabajo, sabe usted. Hoy los ricos viven.

Y tiene miedo de que la descubran porque ella es pensionista.

–          Pero a ver  mire usted que si no, no comemos. ¿Cómo vamos a vivir cuatro personas con seiscientos euros?

Su hija también limpia  casas y escaleras y portales aunque casi no encuentra y su yerno tiene depresión porque no le sale nada desde hace cuatro años que le cerraron la fábrica. Y ya no cobra paro. Y ya no hay chapuzas. Y todo está como el campo yermo ni siquiera hay barbecho.

La mujer madre de la fila asiente y dice que ella sabe por vecinas y que todo el mundo está igual. Señala a su hija universitaria que hoy está de huelga por “La escuela pública”. Dice que en la clase de su hija de la universidad de Complutense, facultad de biología solo hay matriculadas cuarenta personas. Eso en su clase. La hija comenta que muchos estudiantes han dejado sus estudios porque no pueden pagar las tasas.

La mujer mayor que no sabe de tasas dice que sí que está todo fatal y que ahora no estudian los hijos de obreros.

–          Todos pobres, mire usted. La educación como antes, solo los ricos. Ahí no importa que no sirvan para estudiar.

Una mujer bien arreglada, con pelo al uno y entrecano dice:

–           Perdonen que me meta, yo soy maestra jubilada.

Y se gira al corrillo para hablar mejor. Al moverse ve en la esquina a una mujer joven de ojos claros vestida de negro. Lleva un pañuelo en la cabeza, también todo negro.  Pide limosna junto al escaparate de La Casa del Libro. Detrás de sus ojos toda una vida. La profesora no lo duda. Es una ex alumna suya del último programa en el que trabajó cuando se dedicaba a dar clase a alumnos en desventaja social.  Esta segura. Otros tiempos pensó.

–          Perdonen- dice a las mujeres de la fila y se acerca a la mujer que mendiga

La mira de frente.

–          ¿Kaoutar Ben Amar?

–          Si responde la chica.

–          Ana Mari López tu maestra.

Y se abrazan juntando sus cabezas. Detrás de sus ojos dos vidas.