y río que fluye
para ganar el mar
para coger el vuelo
Epifanía en la luna
La mujer miró a los ojos de quien la había atado a un poste rojo e inamovible. Y no supo, no supo por qué vio la imagen borrosa de una luna negra. Entonces amarrada tal como estaba quiso arrancarse las cuerdas. Pero no pudo.Y comenzó a soltar los nudos uno a uno, uno a uno incesantemente. A escondidas. Y fueron cayendo como cuentas negras de Rosario. Al suelo clak, al suelo clak,clak, clak,clak.
Y quien la hubo atado bajó por un momento la mirada.Ella sin respirar para no levantar sospechas salió caminando despacio pisando las bolitas negras que se le clavaban en las plantas de los pies como sí fueran guijarros de brea. Por fin pudo alcanzar el camino hacia el mar y liberarse del amarre que la sujetaba.
Semana de la Mujer en marzo de 2013
Anna Ajmátova
Anna Andréyevna Górenko 1889 en Odessa.Perteneció a la corriente poética acmeista; movimiento paralelo al futurismo ruso y que surgió como respuesta a la decadencia simbolista. Los poemas de Anna se prohibieron.Por temor a que fusilaran a su hijo quemó todos sus papeles personales. En 1944 regresó con su hijo a Leningrado, ciudad devastada tras el asedio nazi.Allí comenzó a ganarse la vida traduciendo a Leopardi y publicando ensayos, incluyendo brillantes ensayos de Aleksandr Pushkin, en periódicos escolares. En 1962, Ajmátova estuvo nominada al Premio Nobel de Literatura, pero no lo consiguió.
Ahogar los gritos
o lanzar aullidos sordos al vacío.
Desmenbrar la voz en el silencio.
TODO
para no borrar el hilo de la razón.
http://m.youtube.com/#/watch?v=bKyV23TssEY&desktop_uri=%2Fwatch%3Fv%3DbKyV23TssEY&gl=ES
Me recuerda Ana infante en»Ni un día sin poesía» que hoy sería su cumpleaños.Este video sirva de pequeño homenaje a una grande de las letras gallegas.
Me invadió el destino.
Me entró
como a la ría le entra el mar.
Se me metió dentro
un cuarto solo,
una habitación cerrada
a cal y canto.
Ocurre.
Ocurre que a menudo no sé dónde está el norte.
Ocurre que tal vez no quiero mirarlo y…
Ocurre y ocurre.
Ocurre que cuando lo veo encaramado en lo alto de la luna se empañan los cristales.
O se estropea el limpiaparabrisas y se borra todo resquicio de vida en la ciudad.
Ocurre sin más. Sin razón de ser o con razones.
Si entornar los ojos fuese remedio
y cerrarlos,
amparara al entendimiento
para olvidar la substancia
de la existencia,
lo haría si,
irremediablemente lo haría.