poesía Isabel Montero Garrido

Trabajo

Amanece y traspasa la línea del horizonte.
Conduces y luego andas por las aceras, entre las calles
esas que tienen un ligero
olor a té verde.

Una madre con «hiyab» te llevará hoy un termo.-
Miras las farolas aún iluminadas, adviertes en ellas destellos luminiscentes.
Es el rocío, por tanto, sabes que es un efecto óptico,
y a pesar de ello, te engañas
como tantas veces
y agradeces lo que recibes,
esas ilusiones que dan sentido a tu quehacer diario.
Caminas y la gente pasa a tu lado.
Deambulan, igual que tú, aún desvaídos por la madrugada.
Piensas que son como tú – todos iguales en un estado de bienestar-
No adviertes nada diferente.
Sólo cincuenta nacionalidades o más en el mismo patio
en la misma escuela.


-Y que poco llevas en ese destino-
Detrás La Cañada y la ruta
de los transportados del poblado de Valdemingómez.
Al atardecer, de vuelta a casa,
después de muchas jornadas, miras el telediario, lees en Internet y transitas todas las redes al mismo tiempo
en un mismo espacio,
el tuyo.
Te haces consciente entonces.


© Isabel Montero Garrido

Aniversarios

Feliz día de la Constitución

La primera vez que voté por edad fue la Constitución Española y lo hice muy ilusionada por muchos motivos. El primero fue la ansiada democracia; en segundo lugar, el inicio del camino hacia la igualdad de derechos, para la mujer entre otros. También esperaba un camino abierto a la igualdad social y al estado de bienestar.

Con ese ánimo empecé a trabajar en la enseñanza en 1981 inculcando los valores democráticos a mis alumnos. Entre ellos y sobre todo la igualdad y el respeto.

Entonces, estimo que tanto la ciudadanía y los poderes públicos hicimos un ejercicio de ciudadanía democrática grande para que un estado democrático fuera la base de una sociedad más justa.

Hoy en 2022, me horroriza pensar que esto se pueda ir al traste con un mal desenlace

Por ello, ánimo a la reflexión y a la concordia. Pido a los representantes elegidos democráticamente que dejen de destruir y sumen todo, para el logro de un País encauzado en los valores democráticos que deben presidir el marco de todo estado moderno que trabaja para el bien de los ciudadanos.

© Isabel Montero

Sobre libros

La familia, Sara Mesa

“En está familia no hay secretos”, Sara Mesa

Inquietante, hipnótica, diferente. Pone de manifiesto la violencia intrafamiliar y sus consecuencias. La comunicación inconexa o la ausencia de esta y lo aborda desde la perspectiva de una escritura diferente y una forma de narrar muy personal. El libro es una radiografía de la soledad y la familia. Muy bueno.

Se lee en dos ratos porque atrapa.

Isabel Montero Garrido

Aniversarios

Día Internacional de las personas con discapacidad, 3 de noviembre.

Testimonio

Podría contar mi vida que como muchas vidas de personas con discapacidad es una historia de superación continua y constante.
No es necesario, cada uno lo sabe y las personas que le quieren de verdad y le rodean también lo saben también.
Soy sorda severo profunda en la amplia gama de grises de la sordera. A ella se asocian retos físicos que hay que superar.
En mi trabajo sufrí moobing y falta de empatía por las personas que consideraba amigos. Esto me hizo fuerte y además de trabajar de forma muy competente en la enseñanza, me permitió visibilizar la realidad de mi discapacidad y demostrar que no somos discapaces.
Aprendí a ser yo. Y encontré lugares mejores y personas mucho más auténticas, más hermosas.

Me gustaría dar visibilidad a la amplia gama de la discapacidad auditiva.
Por nuestra fuerza.
Por nuestros derechos.

Isabel Montero Garrido

Sobre libros

Amarga Luz

Una novela fascinante, apasionada, lírica y conmovedora . La tragedia amorosa entre la escultora Marga Gil Roesset y Juan Ramón Jiménez . Simboliza la liberación del espíritu romántico .

Es una novela que recomiendo leer.

Enhorabuena Marga, Marga Clark por este trabajo y gracias, por la luz que aportas a la figura de tu tia y por los documentos y cartas originales. Ha sido un.verdadero placer leerte.

Isabel Montero

Pensamientos · relatos Isabel Montero Garrido

Las cosas de la vida

Isabel, 12 o 14 años

gabon y las cosas de la vida.

A medida que pasan los años me doy cuenta de que por fuera no soy la misma persona. Todos los días me miro en el espejo y, arrugas, arrugas, arrugas y flacidez. Así que me embadurno de cremas para antes, despues, durante… Yo no soy de botox, ni de infiltraciones. Las únicas que me pongo son cadera-columna-rodilla.
Mi cuerpo tiene una tendencia a engordar sin apenas comer, cosa del aire supongo. Mi piel no es nada tersa y estoy torpe. Camino mal y peor. Sin embargo , mi mente vuela igual que si tuviera 7, 15, 18… años. Cada dia me observo y soy capaz de asombrarme, emocionarme igual que entonces.
Así que canto y río y sueño y bailo. Me ilusiono y por cualquier cosa noto mariposas en el estómago.
Luego me miro en el espejo y veo la vejez que tanto me horroriza.
Nunca hubiera imaginado que la mente se mantuviera eternamente joven .

Isabel Montero

relatos Isabel Montero Garrido

Oráculo en un salmo

Foto gratuita de internet

Éxodo 13, 21-2
“E iba Yahvé al frente de ellos,
de día en una columna de nube
para guiarlos en el camino y de noche
en una columna de fuego
para alumbrarlos

Oráculo en un salmo

Ese día fue como algún otro día.
En la caverna se instauraba la oscuridad de forma paulatina. Los hombres habían vuelto de la caza con un animal. Era un animal enorme y rápido. Les había costado atraparlo, pero con la estrategia de Igor lo habían conseguido. Acecharon la noche completa la manada y rodearon en silencio el montón de animales semidormidos. Rumiaban. Ellos, apostados tras los setos contenían la respiración. Al despuntar el alba vieron como el jefe de la manada se ponía en pie, grande, majestuoso. Arrastraba su cola larga y zigzagueaba con su pequeña cabeza de un lado a otro como llamando a todos a la levantada. Y tras él algunas hembras, las más jóvenes se pusieron en marcha. Y el resto les seguía. Y los hombres de la tribu vieron como el animal más viejo renqueaba y se quedaba atrás. Si hubiera sido antes de la gran explosión hubieran dicho que traqueteaba como lo hacían unos vehículos de las historias que contaba algún anciano de la tribu. Pero esa palabra, traquetear, estaba en desuso en aquella Nueva Era.
Los hombres, a una señal de Igor, lanzaron sus armas de piedra y palo todos a una y aturdiendo al animal lo derribaron y le dieron caza. Con un puñal hecho de cuarzo cincelado rajaron la enorme tripa y sacaron sus intestinos y otras vísceras que abandonaron a los cuervos; y arrastraron al animal hasta la cueva.
Las mujeres descuartizaron al animal y pusieron a secar su carne e incluso encendieron “El fuego” para ahumarla. Y todos ancianos, hombres, mujeres y niños y en este mismo orden bebieron sangre caliente del animal porque decían que purificaba.
Los hombres y los niños se acostaron dentro de la cueva.
Las mujeres después de salir la luna se sentaron en círculo alrededor del fuego en la entrada de la caverna. Y una vez más como todas las noches la más anciana llamó a la memoria y cantando los mantras, -¡Oh, Yavhé, Yavhe!¿por qué nos has abandonado?- invocó a los cielos.
Y lloró en el recuerdo del gran genocidio del día de la invasión, el mismo que a ella le habían contado y que a otras ancianas anteriores también les habían contado y relató:

«En aquel tiempo al caer la noche y como todas las noches dícese que se vio una gran bola de fuego que entonces nombraron nave y que a su paso dejó una estela grande de humo y un olor que se llamó entonces gas y que dijeron que quien respirare caería derrumbado en ese mismo instante.
Y que aquel día sin saberlo nadie y sin que ningún humano lo esperara, apareció el gran Yahvé y que fue el mismo Dios de los Dioses y que lideró él una columna de otras naves que dijeron “nodriza”. Y Yahvé se desplazó en ella con unas potentes luces que emitía.
Y dícese que la bola de fuego y el gran Yahvé ejecutaron la Danza de la Muerte y entonces todo fue arrasado y no quedó casi vida sobre la tierra salvo una mujer y un hombre, unas plantas y algunos animales y dícese que hombre y mujer se juntaron que fueron nuestros primeros padres, porque así Yahvé lo quiso y así, hizo que nuestro pueblo se salvara. Y nuestro pueblo fue salvado».

¡Oh, Yahvé, Dios del humano, en tu nombre, ¡amén!

Las mujeres elevaron los brazos y giraron las palmas de las manos hacia el cielo. La luna dispersó sus rayos y aclaró aún más la noche. Entonces las mujeres, entraron en la cueva y se acostaron cada una al lado del hombre al que pertenecía.

©Isabel Montero Garrido
©con derechos de autor.