relatos Isabel Montero Garrido

Vecinas

 

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Imagen subida de inteernet

“Y de nuevo volvió a sentirse sola ante

la presencia de su eterna antagonista:

la vida.”

Virginia Woolf

 

Hace aire. Un aire que corta; un aire que se mete, que se reparte y anida en la terraza, formando remolinos pequeños, en los que la pelusa da vueltas, se disuelve entremezclada con alguna colilla, con algún pétalo ya marchito de las flores que adornan las barandillas. Es otoño y hace frío. Es otoño, un otoño temprano que le nubla la vista, que adormece sus ojos cansados. Los ojos de Flora.

Y a Flora se le cansan los ojos de mirar y la pelusa del aire se le mete en ellos. El frío la envuelve y se ajusta la bata entre sus brazos; debajo de ellos, pegada a su cuerpo cansado, flácido y engordado, envejecido, magullado por el pisar fuerte de la vida. Pero resiste en la terraza. Un rato resiste. Hace dos días que sus persianas están bajadas. Y el polvo se acumula, se acumula y se levanta con el aire; se une al remolino de la calle y asciende, sube y se precipita en la terraza. Y Flora huele en él, presiente y nota que algo pasa en casa de la María porque no la ve. No la ve a ella. La María no sale a la terraza.

Me pongo la bata guateada, la de flores, esa que me regaló mi chico. Mi muchacho, me la compró, con su primer sueldo. Un muchacho valiente el mío. Mi Jose. Pepe le llaman ahora sus amigos. Don José en el despacho. Abogado, mi Jose. Él no quiere que me la ponga. Qué está ya vieja, que tengo otra mejor. Pero lo hago. Con su primer sueldo me la compró. Una bata para que no pasara frío en la casa. La casa. Una casa pequeña pero ahora con la calefacción. Ya no necesito la bata. También mi Jose me la puso cuando metieron el gas en el barrio. Yo no quería, que conste, pero así es mi hijo, mi Jose. Y que quiere que me vaya. Que allí en el chalet hay sitio de sobra. No me deja mi chico. Pero yo no quiero; esta es mi casa, mi vida. Y por eso me pongo la bata para salir a mi terraza y ver a la María. –La María no, mama, María- me dice. Sin el “la” mama. ¡No se ha hecho fino ni nada mi Jose con los estudios! Pero yo a la María prefiero llamarla así. Son muchos años para cambiar. Desde mi terraza se ve la suya. Justo en el bloque de enfrente. Hace un aire que me corta la cara, pero me meto la bata, salgo y estoy un rato. Espero que salga y me diga:

¡Flora, anda vente pacá que nos tomamos un café!

La María, lo recuerdo como si fuera ahora. Ni cinco minutos hacía que yo había llegado a la casita. La del barrio pobre que decían. La casita baja. Ni cinco minutos que había llegado con mi chico pequeño. Tres años tenía entonces. Se nos dieron malas en el pueblo. Una madre soltera que era yo. No eran las cosas como ahora. Y nos vinimos aquí, a la capital. A la casita que me pasó mi prima. Unos pocos dineros le di yo. Que de gratis nada. Unas poquitas pesetas de entonces que me dio mi padre. Que no quería que yo pasara penas, decía el pobre.

-¡Eh! – me gritó- ¿Vas por agua?

Así es la María. Lo dice todo sin tapujos. La María en la casita de enfrente. Siempre enfrente y a mi lado. Y yo al suyo. Ella me buscó lo de las casas primero. Luego lo de las oficinas de madrugada. Y por último lo de la contrata. Estuvimos años con la contrata de limpieza. De ahí nos quedó la paga, pequeña pero segura. Aunque dice mi hijo que con él no me hace falta. Mi Jose. A la María sí, que sus hijos no le pasan. No porque no quieran. Porque no pueden. Ya lo dice ella: ¡Bastante tienen! Fue entonces, cuando lo de la contrata, que vino la María con lo de los pisos.

Mira Flora- me dijo- yo ya estoy cansada de salir de casa y el barro hasta las rodillas. De llevar los zapatos en la bolsa y de ponérmelos al llegar al Centro. ¡Qué se nos nota María! Que se nos nota por el barro que somos del “Barrio Pobre”. Que no quiero yo que se les note a los hijos. Y estoy harta de cargar con el agua, de los generadores de la luz y de enjalbegar la casita. Nos vamos a apuntar. ¿Si no nos toca a nosotras lo de renta baja, dime tú a mí a quién?

Y a mí me daba miedo. Un miedo agudo. El miedo constante de los pobres. Pero ella era fuerte. Y yo estaba con ella. Había que hacerlo, marcharse a un piso. A un barrio con las calles asfaltadas, con luz en la calle y en la casa, con agua corriente. Hablaban de demoler las casitas, aunque el barrio crecía. Lo hacía cada noche. Una más; en una noche una más; un nuevo hogar; un hogar para la miseria. Una miseria honesta y trabajada.

Vamos Flora- me dijo- vamos que nos rellene el cura los papeles. Por los chicos. Y lo hicimos. A María entonces aun le vivía su hombre; débil, diminuto- “algo escuchimizao”- decía ella-. En su cara se veían las marcas del vino. ¡Vaya si se veían! María quítate de ese hombre mujer, solía decirle; que no hace más que darte sinsabores. La de veces que se lo decía. Y ella que no.

Que no Flora- me decía- que no. Tú no lo entiendes. Bien sabes que le daba cuatro patadas, ¡y a la calle! Pero están mis hijos. ¡Qué no les hago eso yo a ellos! Eso clarito, Flora, que no quiero que vean a su padre tirado como un pordiosero.

Y dale que te dale la María con eso del pordiosero y yo, no sé qué era mejor.

Y se esfuerza Flora, se esfuerza- me contaba en un aparte del corro de las vecinas. A ellas les decía que Don Aurelio, el médico de la iguala, andaba a vueltas con eso de la tensión de su hombre. Y todas hacían que se lo creían. Yo también, delante de ellas. Pero a mí, a solas, no podía engañarme. Sí, trabajaba; trabajaba a veces en lo que podía. Trabajaba, se lo jugaba y se lo bebía. Y la dejaba colgada con los críos. Ella venía y lloraba en mi cocina.

No vuelvo a abrir la puerta a ese fulano– comentaba entonces.

Fulano lo llamaba, en ese momento. En ese instante en el que ella había llegado al fondo de sus reservas; cuando había caído en el abismo oscuro de la desesperación, en la desdicha insalvable. A mí se me enrojecían los ojos. Y ella me miraba con su cara mojada y se restregaba con el mandil a cuadros. El mismo con el que sonaba los mocos a los críos. Le vivían tres: dos chicas y un varón. El pequeño de la edad de mi Jose. La última, la que nació muerta fue niña. Tres días estuvo coronando la pobrecilla. Asfixiada. Y nada de hospital, que su hombre no quería. Que sus hijos nacían en casa. Pero él, su hombre, por ahí. Que arrastras lo traje, que no se tenía en pie. Eso sí, lloraba como un crío. Nunca he visto llorar así a un hombre, en realidad ni mucho ni poco: no he visto llorar a ninguno.

-Déjalo Flora, que llore- me decía ella- que se desahogue. ¿No ves que lo pasa mal?

Así era La María. Dos guantazos le habían dado yo y a la puta calle y que Dios me perdone. Pero no, ahí estaba él tirado en la cama con la cabeza entre sus pechos. ¡A la puta calle! Sí, eso hubiera hecho yo. Al tiempo, él se murió. No llegó a ver el piso. Pasa algo raro. Lo sé. Me asomo y no la veo. Tiene las persianas bajas. Hace frío. Mejor entro y luego vuelvo a salir. ¡Qué raro la María! Sí, más tarde vuelvo a salir. Anda que no lo hemos pasado bien La María y yo. De todo ha habido. Penas y risas. Sobre todo, después de venir al piso. Los domingos nos dejábamos a los chicos en el matinal del barrio. Y nos íbamos de paseo, a tomar el vermú. Y un vermú que nos tomábamos. ¡Madre mía, con lo cabezón que era! Y sin parar de reírnos. Y luego a buscar a los chicos sin que se nos notara. Por las tardes a veces íbamos al Centro. No todas, sólo cuando hacían la excursión de la parroquia. Allí mandábamos a los niños, nos quedábamos solas y al minuto La Maria por la ventana:

-¡Flora, que ya estoy!

Y al Centro, a una sala de baile. ¡Lo bien que lo pasábamos! Ya digo, no todo eran penas, vaya que no. Me parece oír el timbre. La Maria seguro que no. Ella siempre me llama por la terraza. Es mi Jose. Seguro. Siempre pendiente de mí. Tengo las piernas pesadas. Cada día me cuesta más. ¡Ay Dios mío! Así, se lo digo. Le digo que no veo a La María. Es mi chico. Y me besa en la frente. No sé qué dice de La María. Que no lo recuerdo. Que se me olvidan las cosas. Si sabré yo. Hijo, – le digo. ¿Qué tiene que ver eso con La María? Y me pongo la bata, la floreada y quiero salir de nuevo a la terraza. Pero él no me deja. Mi Jose no quiere y me lleva hacia el sofá, ¡no corras le digo! ¿No ves que a tu madre le pesan las piernas?. Dice que La María no está, que se ha muerto. Hace un año, me dice. Y recuerdo y no recuerdo, cedo y no cedo, me resigno, suspiro, cojo la labor y la dejo. Me pongo los brazos sobre el regazo y pienso. Callo y pienso. Cuando mi Jose se vaya saldré de nuevo a la terraza.

Hace frío. Un aire que corta, que se mete, que anida en la terraza.

Isabel Montero

Este relato “Vecinas”, fue hace unos doce años, Premio Especial en la Categoría de “Personas que han hecho mucho por los barrios”. De la historia y como especialista en ella, siempre me han llamado la atención los hechos de la gente sencilla y la significación de estas vidas y su papel en los fenómenos históricos. Es lo que desde mi punto de vista forma una de las  partes de la intrahistoria de los pueblos. He escogido este Relato para publicar en el blog en Este Dia de la Mujer  precisamente por ello. Es una ficción basada en fragmentos de la vida en la España en la década de los cincuenta en barrios periféricos de Madrid. Indudablemente son realidades que pueden ser transportadas a otros lugares, otras vidas y otra ambientación. Quiero por tanto rendir un Homenaje a esas mujeres sencillas de aquí y de cualquier parte de la Tierra que forman el pilar de tantas existencias. Alas que son. las que fueron y las que serán. Con emoción en este Día de la Mujer 8 de marzo de 2019 para que llegue algún momento en la que la celebración de este día no sea necesaria.

 

 

Aniversarios·noticias

Día internacional de la Mujer

A ocho de marzo de 2017 en Madrid, en este Día de la Mujer de este siglo XXI, dedico esta entrada a las mujeres tan especiales que hay en mi vida. Cada una sabe el porqué.

A Cecilia Garrido Alduan, mi madre, que está en mi corazón, por ser esa gran mujer que hizo que fuera la Mujer que soy, ¡Gracias Ama! y gracias por traerme a este mundo en tu vientre, porque sin tí nada de lo que conozco hubiera conocido. Nada de lo que soy hubiera sido. 

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Aniversarios

Día de la mujer, ocho de marzo

Cómo será, me pregunto,
no sentir incesantemente
que uno debería ocupar varios espacios al mismo tiempo?
No pensar, mientras se tumba uno con un libro,
que se debería estar haciendo otra cosa.


Asumir, como hacen los hombres,
la importancia del tiempo
que dedicamos al propio enriquecimiento.
Las mujeres
tenazmente sentimos
que le estamos robando tiempo a alguien.


Que quizás en ese preciso instante
se nos requiere
y no se cuenta con nosotras.
Precisamos
todo un entrenamiento
para no borrarnos, minimizarnos,
constantemente.

¡Ah! ¡Mujeres, compañeras mías!

¿Cuándo nos convenceremos
de que fue sabio el gesto
de extenderle a Adán
la manzana? (74-5)

Gioconda Belli

 

Los derechos de la mujer son las facultades y atribuciones que exigen las mujeres y las niñas de muchas sociedades de todo el mundo. En algunos lugares, estos derechos están institucionalizados o respaldados por la ley, las costumbres locales y el comportamiento social, mientras que en otros lugares se ignoran o reprimen. Difieren de las nociones generales de derechos humanos por ser inherentes al prejuicio contra las mujeres y las niñas para favorecer a los hombres y los niños.

Los temas que con más frecuencia se asocian con la noción de derechos de la mujer son –entre otros– los siguientes: derecho a la integridad, al control del propio cuerpo, derecho al voto, derecho a ocupar cargos públicos, derecho al trabajo, derecho a una remuneración justa e igualitaria, derecho a poseer propiedades, derecho a servir en el ejército, derecho a firmar contratos legales, y derechos matrimoniales y parentales.

Wikipedia

En este ,momento, cuando parece que la sociedad ha avanzado, hoy más que nunca hemos de decir NO a la violencia contra las mujeres

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No a una sociedad patriarcal, en la que los derechos humanos de las mujeres siguen en las manos y decisiones de los hombres.

Por un Siglo XXI, en el que se respete a la MUJER.

No a la Violencia Verbal o Física.No a la manipulación psicológica. Y no a la potestad del hombre sobre la mujer.

imágenes subidas de internet

 

Aniversarios

Dia de la mujer , 8 de marzo de 2014

20140307_222940Inma Chacón e Isabel Montero

Felicidades a todas las mujeres del Mundo desde Epifanía en la Luna y a todas mis hermosas mujeres. 

Para mí un honor compartir con vosotros que anoche lo celebré en un bello acto de la Librería Jarcha en el que tuve el gusto de escuchar a mi admirada Inma Chacón y leer dos poemas de su poemario Alas. Selecciono el siguiente:

El tiempo será

tan solo arena

en un finísimo cuello

Dulce Chacón

y pasa,

aunque nos resistamos

pasa,

envuelto en la nada, e

en el espacio donde guardamos

los deseos,

en la metamorfosis

de las fotografías,

en el calendario.

Pero la herida permanece ahí,

como siempre,

roja, abierta,

disimulando el dolor.

(Inma Chacón Alas)

Además tuve el gran placer y oportunidad de leer dos poemas míos. “Ser un minuto de mí” de mi poemario Contra-Corriente y” Otra vez mar”, poema recientemente publicado en este blog.

ser un minuto de mí

y parar

Arrollar el alba negra

y parar.

Sacar los escombros

de las noches solas

de las noches excomulgadas

de las noches inmerecidas.

Ser un minuto de mí

y parar indefinidamente.

Parar.

(Isabel Montero Contra- Corriente

ser un minuto de mi

 

Ser un minuto de mí(Imagen cedida por la pintora italiana Stefania Albiero del cuadro de la serie Contra- Corriente inspirado en el poemario del mismo título de Isabel Montero, Exposición celebrada recientemente en la galeria madrilela Habitar la línea ).

Orgullosa de ser mujer en Madrid a ocho de marzo de 2014.Por nuestros derechos mujeres del mundo, hoy más que nunca. Epifanía en la Luna.

noticias

Inma Chacón en la librería Jarcha

20140307_205428 (1)Hermoso previo anoche para  la celebración del Dia Internacional de la Mujer en la librería Jarcha de Vicálvaro en Madrid. Bella velada que compartimos con la periodista, escritora y profesora Inma Chacón. En un acto cercano nos adelantamos al Día de la Mujer. Con Inma se respira paz, con inma se respira intimidad y cercanía a la vez que universalidad para con los seres humanos. Habló y nos contó, tanto que desbordó unos corazones ávidos de su obra. Su prosa la traza con palabras y un hábil  hilo conductor de identidades que nos mostró la autora de La princesa India, y Las filipinianas, Tiempo de Arena, hasta su última novela “Mientras pueda pensarte” (Planeta 2013). Una continua búsqueda del origen y verdadera identidad del ser que desemboca en una sobrecogedora historia sobre un niño robado.

Inma recitó poemas de su Alas (2006), nosotras recitamos también con Alas, Inma recitó Urdimbres  y Antología de la herida.y nosotras recitamos Urdimbres.

“El hilo”

Se rompió el hilo
que tensábamos juntos,
Pero no provocó el uso
la fractura,

ni la fuerza
con que tiraba
cada uno de su cabo,

ni siquiera la traición,
ni el orgullo,
ni las miradas
cosidas a la espalda.

No se enredó
en un filo de tijeras
ni buscó otra urdimbre,
ni otro telar.

Sencillamente
dejó de soportar embestidas.

Inma Chacón

Inmaculada Chacón  nació en Zafra, Badajoz, el 3 de junio de 1954.Doctora en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, es profesora de Documentación en la Universidad Rey Juan Carlos (Distrito Vicálvaro de Madrid).Finalista del Premio Planeta con su cuarta novela “Tiempo de arena” en 2011

Una noche con ciclogénesis emocionales. reímos, lloramos,  hablamos y sobre todo disfrutamos. Una vez más gracias  Fernando Valverde, gracias Rocio  y gracias Jarcha y por supuesto a Inma Chacón, la gran protagonista de la noche.

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