poesía Isabel Montero Garrido

Tengo ganas de verte

Tengo ganas de verte

con tus manos acariciar la mañana,

luz pausada entre visillos escondida

y tú, aún en el sueño, besar

mis sienes, leve y la contemplación

del tiempo en el instante.

Después besar

ese brillo de luz de estío en mis

cristales, en cómo fue crepúsculo

acompasado, pausado, constante

la forma de tus labios entornados,

tengo ganas de verte.

Tengo ganas de verte

sentarnos a la sombra de la higuera,

contemplar desde el patio aquí entre

los muros azulados, rayos de sol

luminiscente, sobre agua marina

de la tarde.

Después soñar

un espacio de antaño, apretada

a tu cuerpo, el sabor del aceite en

nuestra espalda, salitre de palabras

en un tal vez encendidas, tengo yo

ganas de verte.

Tengo ganas de verte

acurrucar tu cuerpo bajo la luna,

los sonidos del mar como futuro y

otra vez dormir en portal azulado y

más tarde, la llegada del día.

poesía Isabel Montero Garrido

Patios

Patios Azules, Sitges, Isabel Montero

Si alguna vez te acuerdas azul

de los efectos màgicos

la luz de tus ojos en el mar,

si alguna vez te acuerdas,

de los rayos del cenit sobre la arena,

vuelve al añil del patio de aquel día,

al agua de la fuente,

al olor de la sal sobre la espalda.

Si alguna vez te acuerdas amor

escucha sinestesias a la luz del verano.

Tú, yo y el fulgor de aquel día.

#isabelmonterogarrido

Aniversarios·poemas otros autores

Canción de aniversario, Jaime Gil de Biedma.

Porque son ya seis años desde entonces,
porque no hay en la tierra, todavía,
nada que sea tan dulce como una habitación
para dos, si es tuya y mía;
porque hasta el tiempo, ese pariente pobre
que conoció mejores días,
parece hoy partidario de la felicidad,
cantemos, alegría!

Y luego levantémonos más tarde,
como domingo. Que la mañana plena
se nos vaya en hacer otra vez el amor,
pero mejor: de otra manera
que la noche no puede imaginarse,
mientras el cuarto se nos puebla
de sol y vecindad tranquila, igual que el tiempo,
y de historia serena.

El eco de los días de placer,
el deseo, la música acordada
dentro del corazón, y que yo he puesto apenas
en mis poemas, por romántica;
todo el perfume, todo el pasado infiel,
lo que fue dulce y da nostalgia,
¿no ves cómo se sume en la realidad que entonces
soñabas y soñaba?

La realidad -no demasiado hermosa-
con sus inconvenientes de ser dos,
sus vergonzosas noches de amor sin deseo
y de deseo sin amor,
que ni en seis siglos de dormir a solas
las pagaríamos. Y con
sus transiciones vagas, de la traición al tedio,
del tedio a la traición.

La vida no es un sueño, tú ya sabes
que tenemos tendencia a olvidarlo.
Pero un poco de sueño, no más, un si es no es
por esta vez, callándonos
el resto de la historia, y un instante
-mientras que tú y yo nos deseamos
feliz y larga vida en común-, estoy seguro
que no puede hacer daño.

Jaime Gil de Biedma

Orgullo 2018. Madrid

poemas otros autores

¡Oh, capitán! ¡Mi capitán!

L’hermione, Pasaia

¡Oh, capitán! ¡Mi capitán! Nuestro espantoso viaje ha concluido, El barco ha sorteado todos los escollos, el precio que pedimos lo hemos ganado, El puerto está a la vista, escucho las campanas, todo el mundo se exulta, Mientras que las miradas siguen la firme carena, el valiente y audaz navío. Pero, ¡Oh corazón, corazón! ¡Oh, las sangrientas gotas rojas, Allí sobre el puente donde yace mi capitán, Tendido, helado y muerto. ¡Oh, capitán! ¡Mi capitán! Levántate y escucha las campanas; Levántate; para ti la bandera se ha izado; para ti el clarín resuena…

Walt Whitman, poeta estadounidense (1819 /1892). Nos dejó obras magníficas como “¡Oh, Capitán! ¡Mi capitán!”, “La extensión de mi cuerpo”, “Hojas de hierba” o “Canto de mí mismo”.
Muchos los poetas se influenciaron por su poesía moderna, entre ellos, grandes como Rubén Darío, Wallace Stevens, D.H. Lawrence, Fernando Pessoa, Federico García Lorca, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda.
relatos Isabel Montero Garrido

Mañana de primavera

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¿Y si esto hubiera ocurrido a las 10:00 pm cuando las sombras cubren ya la ciudad?

Pero no, son las 9:30 de la mañana. Ninguna nube en el cielo. Ningún aviso de tormenta. Nada. Nada que te haga presuponer que algo diferente ocurrirá hoy. Luce el Sol. El conserje de la finca te desea buena mañana. Te cruzas con las personas que han dejado a sus hijos en los colegios. Con algunos te saludas. Mucha gente, al igual que tú, se dirige al metro que está en el Intercambiador de transporte. Algunos esperan la fila de los autobuses. Otros marchan rápido para no perder el tren de Cercanías.

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