Cerezas rojas de estío.
Cuerpos que quieren alimento.
Epifanía en la luna
Eternas noches de vacías soledades
en las que se desprende olor a piel desnuda.
Eternas noches de cuerpo enmudecido
ante sombras ignotas que deambulan solas.
El cielo es hoy azul
y la hierba sigue siendo verde.
Tópico.
Además, lugar común inexpugnable.
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En un instante se acaba hoy
y todo es de la misma manera:
el mismo sol, la misma luna.
Y no ha pasado nada, nada.
El silencio habita presentes
como habitan almas ciegas
en oquedad de roca madre
y en los fondos de la mar.
El ruido solo suena dentro,
como viento sin pereza
como agua que cae al vacío
como turbinas eléctricas.
Y nadie sabe nada.
Silencio que vive, palpita
y se condensa. Silencio.
Fuerte silencio, sólido y
a veces leve; o inaudible.
Marchita sin lugar a dudas
dulzura e inocencia.
Silencio que se adhiere
a cada célula. A cada
corpúsculo mínimo de vida.
Silencio, que no solo no se
marcha, que se queda como
okupa-alma de mi cuerpo.
Silencio irreversible. Silencio.
He soñado vivir hasta donde mi alma llega.
Hasta donde el sol se esconde por la tarde.
Allí donde el mar se junta con el cielo
y la arena dorada se mezcla con el mar.
He soñado tener golondrinas en mis manos
y gaviotas alzadas sobre mástiles. Y ser, allí
donde rompen las olas bajo los acantilados
al chocar con fuerza contra las rocas.
He soñado mil maneras de cruzar a nado
la inmensa bahía de flanco a flanco, sin lanchas
ni veleros, ni barcas de remo… Solo a nado.
A nado y remando fuerte con mis brazos.
He soñado y he soñado limpio y claro
como el agua que innunda la ría
que copula con el mar. Y enmudezco
estremecida ante la inmensidad de mis sueños.
Y hoy es
así.
Estancarse sobre un lago.
Flotar bocabajo.
Flotar mirando al fango.
Esperar,
que llegue el aire,
que seque el agua.
Que seque
y pisar.
Caminar.
Salir de esta varadura.
Soy.
Y a menudo siento que no siento.
Porque no soy.
Porque un nudo obstruye mi garganta,
porque no puedo ver los pájaros volando,
porque no puedo oir el ritmo de brisas somnolientas
porque tal vez el ánima haya dejado de ser cuerpo.
Y quiero ser,
gritar,
bailar sobre las aguas,
correr descalza por la arena,
escuchar palabras que me amen,
sentarme libre en las aceras de la vida.
El frio amarra,
sujeta
envuelve las piernas.
El frío.
Quita dolor ese frío.
Habla la noche
mientras camina.
Habla