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Preguntas para los amigos sobre la vida.

Esta entrada es del blog Mundo Libre, de Ernesto Capuani, o Manuel Fernández de la Cueva, doctor en filosofía y buen compañero y amigo. Nos pregunta que es la Vida, y a mí me gustaría saber qué piensan los lectores de Epifanía en la Luna.

¿Qué es la vida?

Quizá alguno se anime a crear un pequeño poema, o una interpretación personal dentro de su propia filosofía de vida.

Un abrazo.

Mundo libre

Incapaz soy de dar una respuesta a qué es la vida y las preguntas que en mí despierta. Pero, reconozco que, en mi opinión, hay que buscar las ideas creativas y originales en los lugares sencillos pero creativos y originales.

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artículos·Sobre libros

gandul ganso gañán, Crítica literaria.

gandúl ganso gañán, poemas

Juan Mantero Huesca 1964.

Clavis, Colección Poética. dk ediciones

Toda creación poética, si es buena, ha de tener una particularidad: estremecernos.

Y eso me ha ocurrido con esta obra de Juan Mantero que me estremece hasta el punto de hacerme descosidos en las entrañas.

En la obra de Juan hay vida, vida real y descarnada. Abierta a la soledad necesaria para crear y a la soledad absoluta en la que en muchos momentos se encuentra el alma cuándo anhela, cuando espera las cosas de la vida y esta te abofetea. Por ello Juan se presenta en un Yo prematuro, en un parto apresurado, (Yo que nací apresurado/como si alguien de verdad/ me esperara.) y encaja los golpes e incluso llega a aceptarlos.

Expresa ese Pecador que llevamos dentro. ¿Por qué no lo hice de otra manera?

Quiere esa vuelta atrás que nunca es posible y le apetece. (Me apetece/volver a ser yo mismo /renacerme…Me apetece/ el abrazo de mi padre sin lágrimas/ sin un “te necesito” / Me apetece “hoy no me muero” …) Si, me estremece la obra de Mantero, me aniquila este juego de espejos en el que el lector se refleja, los poemas, el tocar la muerte con sigilo y escapar, con miedo, (¡Espabila Mantero!).

Respiro a menudo parar seguir esta lectura, esta bajada a los infiernos a veces, este sentir de la carne lacerada. Y por pedir, el autor pide a la vida (Yo no quiero ser llorando el hortelano…/ ¡Yo quiero ser nombrado caballero!) el anhelo del soplo de vivir, un pedir desolado de territorio vital y de dignidad humana.

Juan es Ganso, de humilde linaje, Gandul de pasarela y Gañan abandonado a las inclemencias de la climatología. Aunque estas tres G son de Grande, Guerrero y Ganador de una batalla casi imposible, la de “vivir” con mayúsculas y con arrogancia. Vivir encarando al miedo, vivir por encima de las posibilidades reales de vitalidad, de hálito. (desgárrame el alma si la encuentras).

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A veces estos versos se desploman con el poeta, y otras veces se emocionan detectando un “cariño” que cree no merecido y se asombran los mismos versos, las mismas palabras que grita el poeta.

Este libro que tengo en mis manos es un libro infinitamente “canalla”, como canalla es la vida, pero como dice el autor (“ni tan mal”). Es un poemario sátiro e indignado, pero (“ni tan mal”).

Mantero escribe a dentelladas crudas, a muerte con la existencia. Habla con una pluma fina y perfecta. Con Sonetos que no le ponen en aprietos ya que el dominio de la palabra, la rima y los recursos poéticos son cantos que nos hacen salir de nuestros úteros y mirar afuera y vivir más allá de lo que puede ser un mes de agosto en primavera.

Isabel Montero

Juan Mantero Ruiz, Huesca 1964. Reside en Pamplona.

Puedes adquirir el poemario aquí.

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artículos·poesia Isabel Montero

La inspiración poética a partir de la observación en el arte. El peine del viento, (Eduardo Chillida, escultor)

 

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El Peine del viento, Eduardo Chillida. Foto Isabel Montero.

Entendemos por espectador la persona que aprecia una obra, sea teatro, arte, literatura, música, espectáculo, aspectos de la vida diaria, incluso elementos de vida que pudieran ser consideraros objetos o situaciones de no asombro.

Suponemos siempre que el papel del espectador está supeditado o predefinido a la voluntad del autor. Pero este hecho es subjetivo ya que en realidad quien percibe la obra puede ajustarse o no a lo que el autor esperaba e incluso a lo que se espera por las autoridades en la materia que se exhibe.

Realmente yo concibo al espectador como la persona que realiza un acto de comportamiento social por el cual observa una situación y esta situación la percibe con diferentes sensaciones; muestra poco interés, gran interés, se emociona e incluso llega al asombro. Lo que puede surgir a partir de este asombro puede ser otra creación poética, musical, escultórica, es decir en cualquier disciplina que se integran en la capacidad creadora del ser humano. El hecho de asombrase ya es en si una creación del ámbito emocional.

Hay por tanto asombros en los que uno mismo se hace público de conjunciones asombrosas que ocurren entre los distintos elementos de la Tierra. La combinación de elementos naturales y de los transformados por las manos del hombre.

Me ocurre con la obra del escultor Eduardo Chillida, en toda su obra ya sea en el museo Chillida Leku o en cualquier espacio en el que esté situada. El mayor efecto lo percibo en la obra para mí “Opera Prima” de Chillida, “El peine del viento” en San Sebastián.

El hombre, las manos, la materia y los elementos: aire, fuego, agua y tierra. Es el fuego el que modela el hierro para transformarlo, quizá intentar dotarlo de vida, hacerlo infinito y ver, que en último término no puede ser y son los elementos de la naturaleza los que se acercan a esta idea de infinitud que el hombre puede percibir por sus sentidos, por su percepción y propiocepción.

Creo que la búsqueda de Eduardo Chillida se asienta en una inmersión de todo lo descrito.

Lo finito, lo infinito y la transformación por la mano del hombre al igual que hicieron nuestros ancestros y los primeros seres humanos: observar, trabajar y transformar intentando ver la utilidad, buscando el porqué de los fenómenos e incluso la espiritualidad. Veo por tanto en la obra de Chillida una búsqueda incesante de lo que pudiera haber “más allá”.

Contemplando este verano la obra “El peine del viento” agitó mi ánimo que concluyó con la siguiente composición poética.

Eduardo Chillida Juantegui fue un escultor y grabado vasco conocido por sus trabajos en hierro y en hormigón (San Sebastián-Donostia 1924/2002)

El peine del viento.

Allí está, anclado en el acantilado él, “El Peine del viento”.

De repente, se me antoja lo más profundo: el viento, el arco que describe la ola,

la espuma que atraviesa el espacio vacío entre los dedos.

 

Quizá quiera atrapar lo infinito,

asir el aire, apresarlo, sujetarlo y hacerlo suyo.

Hacer permanecer al viento entre sus manos,

entre los dedos de hierro.

Pero se escurre la apariencia una y otra vez.

El viento, el aire, la tormenta, las olas y la sal de mar desaparecen.

Al rato otra vez chocar con las olas, contra los peines, contra el muro

y todo se resbala. Sopla el aire por las chimeneas del pavimento, ¡zum! y

gotas de agua.

Todo se transforma y al tiempo se marcha, igual, desaparece

 como la espuma.

El canto de las gaviotas, el sol, el agua, el olor a sal,

inmensidad en el acantilado.

Profundidad.

¡Peine del viento! Hierro forjado en fuego para la infinidad.

Y la finitud de la materia, sin embargo, surge ante el Universo infinito.

Isabel Montero

Artículo y poema.