He buscado palabras limpias entre los barrizales en noches de inagotable lluvia.
He buscado y he buscado sin hallar en los bancos de piedra del parque, en el columpio siempre inexistente en el que soñando me columpiaba.
He buscado y con insistencia he buscado debajo de la chatarra, en rescoldos químicos e industriales, en resquicios de basura nuclear, entre juegos rotos y mariposas con alas descoloridas que sobrevolaban las plazas de piedra y se incrustaban ciegas en torres de cemento armado.
He buscado, buscado, buscado y no he hallado ni un muñeco roto, desconchado, con la pata arrancada y el ojito de cristal vuelto del revés.
He buscado, y he caminado buscando con mi camiseta azul descolorida esa de las mangas de campana.
He buscado y he mirado en los autos de choque, aquellos que ponían sobre el parque de cemento, sobre una forma redonda que fue la luna de los yonkis.
He andado entre los coches y me he sentado sobre las barras de la feria con mi vaquero Lois el de lengua de los Rolling Stones cosida al bolsillo trasero.
He seguido sin tregua buscando, escrutando, mirando a los ojos de mil formas humanas.
He buscado esas palabras hasta en los baúles de los muertos.
Nada.
¿Dónde está el viento que mece las hojas verdes de los árboles?
